La bruja Agripina

Artículo del periódico ‘El Quisquilloso’ (todavía no publicado). Sección ‘Grandes Personajes Mágicos desconocidos’

Por Luna Lovegood

Llegar hasta el andén 9 y 3/4 de King’s Cross no resulta nada fácil si no sabes como encontrarlo. Adentrarte en el mundo de los magos no es sencillo si no eres Harry Potter.

Cuando vi a Agripina a través del cristal de mi compartimento del Hogwarts Express supe que necesitaba de mi ayuda. No llevaba el uniforme oficial de Hogwarts, nadie esperaba a despedirla en el andén. Abrí la puerta y la invité a entrar.

Durante el trayecto le expliqué la diferencia entre muggles y magos, la historia del niño que sobrevivió, le hablé de Voldemort, le hice saber quien

era quien en la escuela, qué era un sangre sucia… Descubrir Hogwarts por primera vez, más aún si no has vivido dentro de nuestro mundo, es mucho más que mágico y algo abrumador.

No me pasó desapercibido que se quedó muy pensativa cuando le revelé que no podría estar en Hogwarts si alguno de sus padres no fuesen de Reino Unido. Agripina siempre había querido saber quien era su padre y ahora todo apuntaba a

que estaba allí por él. Su madre era una Meiga de una región de España. A su padre, no lo conocía.

Acontecimientos oscuros sucedieron en nuestro primer año en Hogwarts, se abrió la Cámara de los Secretos y nos desplazábamos a las clases con miedo a ser petrificados. Agripina y yo éramos alumnas de la misma clase que Ginny, un curso por debajo del archiconocido Harry Potter.

Agripina se esforzaba cada día en mejorar como bruja y aprendía rápido. Era una chica nocturna, la noche le aportaba claridad y fuerza y solía salir de la escuela para practicar lo aprendido con su gata, Night , que no se había separado de ella desde King’s Cross (la había conocido allí, fue la gata quien le mostró el camino al andén del Hogwarts Express). Era especialmente buena en la asignatura de Astronomía, que impartía la profesora Aurora Sinistra. Hasta la fecha, ha sido la alumna más brillante en la historia de Hogwarts en esta materia. También le interesaba mucho la clase de Vuelo de la Sra. Hooch y se preguntaba si un mago podría llegar volando con su escoba hasta la Luna.

Entonces no teníamos idea, pero la Segunda Guerra Mágica se estaba acercando… Dumbledore, director de Hogwarts, lo sabía e intentaba rodearse del mejor claustro de profesores para preparar a sus alumnos. La asignatura más importante para ese menester, sin duda, era ‘Defensa contra las artes Oscuras’ y en nuestro segundo curso, el profesor elegido por Dumbledore para impartirla fue Remus Lupin. Ya en nuestra primera clase con él nos enfrentó a los boggarts, unas criaturas que cuando se ponen frente a alguien tienen la capacidad de transformarse en el peor de sus miedos. ¿Cómo vencerlos? Transformando ese miedo en algo ridículo mediante el hechizo ‘Ridikkulus’. Nos pusimos en fila y, uno a uno, fuimos venciendo a nuestros boggarts, hasta que le llegó el turno a Agripina.

Su boggart, se transformó en

un hombre lobo. Lupin, al verlo, quedo inmóvil por un segundo, pero enseguida se puso delante de ella y el boggart se transformó en el mayor de los miedos de Lupin, la luna llena.

El hombre lobo en el que se había transformado el boggart de Agripina, no era un hombre lobo cualquiera, Lupin lo conocía muy bien (pero eso sólo él lo sabía).

Fue no sólo porque se hubiese descubierto su condición de licántropo que Remus Lupin dejó Hogwarts al final de ese mismo curso. Tenía que

averiguar  quien era esa alumna cuyo mayor miedo era él mismo. La ficha de alumna de Hogwarts de Agripina la llevó hasta Galicia, al pazo de aquella bruja a la que tanto quiso y a la que abandonó para no lastimar más después de su ataque en una noche de luna llena.

Nadie había en el pazo gallego cuando llegó. Todo estaba arrasado. Tras muchos intentos, las bruxas habían conseguido vengarse de aquella Meiga que siempre lograba revertir sus maléficos hechizos. Entre los escombros, Lupin, distinguió un maltrecho marco de fotos, con una foto de madre e hija. Al levantarlo, se desprendió la parte trasera y allí encontró la respuesta a su pregunta, una foto de Remus y la Meiga, en otros tiempos, cuando eran felices. Agripina, era su pequeña.

Pero, ¿y si Agripina había heredado su condición de animago y también era una licántropo?

Noche de luna llena. Remus, que había tomado la poción que evitaba su transformación, llevo a su hija hasta la playa. Pero, ¿cómo seguía la luna en fase creciente? Y entonces, Agripina desveló que era su madre, desde que ella recordaba, la que controlaba los ciclos lunares y las mareas. Había adquirido ese poder para contrarrestar los efectos de haber sido atacada por un hombre lobo. Ahora que la madre de Agripina no estaba, la luna se había quedado sin su guía. Agripina recitó el hechizo que cantaba su madre a la luna:

“Bringing light to darkness

And darkness to light

Cloud of Mystery

A Silver Smile

Witness of a Kiss

Full or half or none at all

Makes me wish for the night to fall”

Poema de @vforviu

Y así fue como Agripina, habiendo heredado el poder de su madre, se convirtió en la bruja responsable de los ciclos lunares y de las mareas. La hija de un licántropo que controlaba a la luna.

A veces, tras la valentía de superar nuestros más grandes miedos, se esconde nuestro mayor poder.

Epílogo

¿Por qué no aparece Agripina en las historias de Potter? Dumbledore arregló todo para que Agripina pudiese realizar parte de sus estudios de Hogwarts a distancia. Dadas sus responsabilidades, Agripina debía viajar por todo el mundo asiduamente buscando el lugar más cercano a la luna en cada momento para poder controlarla mejor. La madre de Agripina era una bruja muy experimentada y podía hacerlo desde cualquier lugar, pero Agripina necesitaba estar lo más cerca posible de la luna para poder influir sobre ella. Adoraba volver a Hogwarts, para visitar a su padre y a Nimphadora, antes de que la maldita Segunda Guerra Mágica se los arrebatase dejando huérfano a su medio hermano, Teddy Lupin, ahijado de el gran Harry Potter y de su propia hermana, la bruja Agripina.

En Hogwarts, como en la vida, no solo las historias de las grandes gestas merecen ser contadas. Todos tenemos nuestro papel en el mundo, todos libramos nuestras propias batallas. Todos tenemos nuestra historia. GuardarGuardar

Notas: La primera ilustración de Luna Lovegood que aparece en el encabezado del ‘artículo’ la he conseguido a través de http://www.littlewhitebat.tumblr.com, no consigo rastrear la autoría. Aparentemente parece propiedad de Warner Bros, pero no estoy segura.  El resto de ilustraciones incluidas en esta historia y el poema-hechizo son de Violeta Serratosa @vforviu . Gracias a ella se me ocurrió esta historia. El tema musical, de una de mis debilidades musicales, Judit Nedderman. 

P.D.: Si te apetece leer otras historias relacionadas con brujas aquí: La historia de la Bruja del Oeste del país de Oz. Os preguntaréis como hemos conseguido esta historia en exclusiva antes de que aparezca en ‘El Quisquilloso’ ¿Quién creéis que acerca a Agripina hasta la Luna cuando algo no va bien? Por supuesto, mi buena amiga nube Claude.

Cenefa Claude

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